SEXUALIDAD Y PORNOGRAFÍA: ENTRE MITOS, REALIDADES Y LA EDUCACIÓN SEXUAL INTEGRAL

La pornografía y su impacto en la percepción de la sexualidad son temáticas clave en la Educación Sexual Integral (ESI), sobre todo por el perjuicio que esta le genera a los y las jóvenes. Es importante abordar esta problemática desde la educación, con el fin de fomentar las relaciones sexo-afectivas saludables y realistas, y aminorar su impacto negativo.

Si bien la creación de la pornografía data desde el 1150 a.C con la primera revista porno creada en el Antiguo Egipto, producto del auge de la tecnología y redes sociales, esta se ha masificado hasta estar al alcance de un click. Su consumo no tiene restricción, puesto que cualquier persona que acceda a un aparato con internet, como un celular, puede ingresar y visualizar este tipo de contenidos. 

Las consecuencias de su consumo son rotundamente negativas, generando una distorsión sobre las expectativas sexuales, una confusión entre la sexualidad real y la que se muestra en la pornografía, impactando en la percepción del placer, objetivización de las mujeres, normalización de la violencia de género, entre muchos otros problemas. 

De hecho, en 2023, un panel de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) liderado por sobrevivientes, y defensores y defensoras de la lucha contra la trata, expusieron que, si bien el tráfico sexual era una de las fases finales de un abuso, muchas veces el inicio de este ciclo parte con la pornografía y explotación sexual, ya que afirmaron queno todas las personas que consumen pornografía se convierten en compradores de sexo, pero todos los antiguos compradores de sexo que entrevistamos habían estado expuestos a contenidos gráficos cuando eran niños”.

Claudia Neira, socióloga de la Universidad Arcis e integrante de la Coordinadora 19 de Diciembre, menciona que la pornografía “es una de las peores evidencias que demuestran que la fuerza del patriarcado sigue formando y  normando”. Asegura que este tipo de contenido explícito no solamente existe el abuso sexual, sino que también impone una determinada sexualidad, determinados tipos de cuerpo y, en general, pone a las mujeres en sumisión de diversas maneras. 

Por estos motivos, abordar la sexualidad y la pornografía, sus efectos, mitos y realidades, deben ser realizados desde una manera crítica y constructiva, acompañando estos procesos desde la Educación Sexual Integral (ESI). En un mundo digitalizado y con acceso fácil y rápido a redes sociales, este debate se debe profundizar desde una perspectiva educativa, con el fin de contar con información para  que niñas, niños, adolescentes y jóvenes desarrollen una visión saludable, respetuosa y realista de la sexualidad.

¿Cómo distinguir ficción versus realidad al empezar a consumir porno a una edad temprana?

La ficción y la realidad se ven enfrentadas en el mundo actual, sobre todo por la predominancia de la pornografía, la que perjudica de gran manera la percepción de las personas que tienen respecto a la sexualidad y sus vínculos con otras.

Esto ocurre ya que una alta parte de la población consume contenidos pornográficos a través de dispositivos electrónicos y lo hacen desde una temprana edad. De hecho, según un informe de Save The Children, los y las adolescentes ven pornografía por primera vez a los 12 años y casi 7 de cada 10 (el 68,2%) consumen estos contenidos sexuales de forma frecuente (lo han hecho en los últimos 30 días).

Este consumo afecta negativamente el desarrollo sexual del individuo, puesto que la pornografía no refleja la realidad de las relaciones sexuales ni la intimidad. Esta se enfoca en una representación comercializada y dramatizada, creada con fines de entretenimiento y dirigida a audiencias adultas. 

Respecto a cómo se visualiza este tipo de material, la misma organización internacional que vela por los derechos de la niñez, sostiene que se hace en la intimidad (93,9%) a través del teléfono móvil y se centra en contenidos gratuitos online (98,5%), basados de manera mayoritaria en la violencia y la desigualdad.

Pese a su foco en mayores de 18 años, un gran porcentaje de niños, niñas y adolescentes consumen este contenido, ya sea con el fin de utilizarlos de ejemplo o “educarse”. Esto es altamente nocivo, porque las situaciones, cuerpos, comportamientos y expectativas mostradas en la pornografía son una deformación de la realidad , lo que puede llevar a percepciones equívocas de las relaciones sexuales reales.

La gineco-obstetra y sexóloga, Loreto Vargas, es enfática en recordar que este tipo de contenido sexual no es cercano a la realidad, ya que habitualmente en la pornografia las mujeres son objeto de deseo y no es una sujeta de placer.  Por esto, se crea este concepto erróneo de “mete-saca”, llegando rápidamente al orgasmo, generando daño al concepto de la relación sexual.

Entre los datos entregados por el mismo informe de Save the Children, se arroja que un porcentaje alto de adolescentes sí es capaz de reconocer violencia, desigualdad y prácticas de riesgo en lo que ven en la pornografía. Sin embargo, entre quienes la consumen con más frecuencia, un  36,8% no diferencia entre la ficción de las escenas y sus propias experiencias sexuales y un 38% no encuentra en ella desigualdad (de género), y premia los videos en los que existen jerarquías de poder. Otra advertencia  es que el 27,1% de las jóvenes no sabe identificar prácticas de riesgo como la ausencia del uso de preservativo.

 

Ausencia de consentimiento al educarse con pornografía 

En Chile, en las últimas semanas, dos figuras públicas están siendo investigadas por la justicia  por cometer agresiones sexuales. De esta manera, tanto el ex subsecretario del Interior, Manuel Monsalve, como el ex futbolista, Jorge Valdivia, están siendo indagados por delitos  sexuales contra mujeres.

Pese a la importancia de resguardar la integridad e identidad de las denunciantes, ya que estas mujeres experimentaron -y lo siguen viviendo-, un contexto de violencia en el que se ejerció una situación de poder y, además, con figuras de poder público, múltiples medios de comunicación y usuarios de redes sociales han abordado las situaciones sin perspectiva de género, magnificando la revictimización. 

Elizabeth Rodríguez, abogada asesora legislativa, Magíster en política pública de la UAH e integrante  de la Asociación de Mujeres Profesionales en Nueva York, explicó a The Clinic que no hay normas que amparen el consentimiento en el país: “El consentimiento está regulado en el Código de Comercio y habla del consentimiento informado a través de la oferta y la aceptación. Sin embargo, en el Código Penal no hay una norma que establezca una definición de consentimiento de manera expresa. Lo que establece, es qué acción se considera delito”.

De esta forma, con el fin de reformar el Código Penal, Rodríguez mencionó que “lo que necesitamos en el ordenamiento jurídico es que se regule el consentimiento, pero saliéndonos de las normas que son evidentes. Lo evidente, es que se convenga verbalmente sin ningún documento que voy a tener relaciones sexuales con una persona en mi libertad sexual plena”.

Es importante especificar que actualmente Chile ratificó la Convención Belém do Pará, un tratado que asegura el derecho de las mujeres a vivir libres de violencia. Esta ratificación implica la obligación de seguir sus recomendaciones, que aborda el consentimiento y el cumplimiento del derecho internacional en materia de derechos humanos de las mujeres. En este contexto, se han establecido medidas para evitar la revictimización y proteger a quienes denuncian, respaldadas por la ley 21.643, la ley 21.675 y la ley 21.523. Estas normativas son fundamentales para garantizar un entorno seguro y justo para las víctimas, promoviendo así una cultura de respeto y protección que fomenta la denuncia.

Desde la perspectiva de la socióloga Claudia Neira, la pornografia está impregnada de alta violencia, lo cual refleja un abandono hacia el cuerpo de las mujeres. Neira señala que el consentimiento es un problema complejo de abordar ya que este fenómeno no solo se presenta en este tipo de contenido, sino también en cualquier tipo de intimidad. Según la socióloga “hemos visto situaciones de abuso sexual, incluso dentro del matrimonio, en la que las nociones de acuerdo se complican por diversas “verdades previas”, como si la mujer está casada, si está borracha o si el atacante es su pareja” que para la socióloga esto serían ideas erróneas. 

Un claro ejemplo de esto es el caso de Gisèle Pelicot -mujer francesa de 71 años-, quien fue reiteradamente agredida sexualmente  por más de 80 hombres durante casi una década. El culpable y orquestador de estos hechos era su marido, Dominique Pelicot, quien la drogaba y dejaba inconsciente  para cometer estos actos seriales. 

Esta noticia ha causado revuelo no solo en Francia, sino que a nivel internacional por el calibre de la situación. En este caso llama mucho la atención cómo la opinión pública puede cuestionar los hechos solo porque el agresor es su esposo. En el caso se plantearon dudas directamente sobre el consentimiento y si este fue otorgado por parte de la víctima, llevando esto a un debate más amplio sobre cómo la sociedad y el sistema de justicia manejan las denuncias de agresiones sexuales.

En base a lo expuesto anteriormente, Francia ha debido poner en la palestra la discusión, a nivel político, sobre cómo establecer normas sobre el consentimiento, puesto que el país no tiene leyes claras sobre este tema en su Constitución. Esto mismo debiera ocurrir en Chile y en todas las naciones.

Por otro lado, Claudia Neira enfatiza que la violencia simbólica que acompaña a la pornografia agrava mucho más la compresión consentimiento que llegan a tener los consumidores de este tipo de contenido sexual, haciendo aún más complejo abordar esta problemática.  

Para la uróloga y sexóloga, María Paz Salinas, en la pornografia de fácil acceso (contenido gratuito) se tiene una narrativa que involucra estados de sumisión, en las que no se verbaliza el consentimiento, afirmando que “el porno tiende a desdibujar sus  límites”, lo cual se relaciona estrechamente con la cultura de la violación, reflejando una problemática más amplia del cómo se debe abordar esto en diversas interacciones. 

Dentro de las dinámicas de poder y el no comprender los límites del consentimiento, Fabiola Jadue, psicóloga educacional en derechos humanos y educación integral de la sexualidad y, también, activista en derechos sexuales y reproductivos, manifestó que en la sociedad se privilegia de sobremanera a los cuerpos con genitales masculinos.

“Hay una fuerte preponderancia hacia el cuerpo que tiene pene y, justamente, ese cuerpo que tiene pene tampoco pregunta qué es lo que tú quieres, no te observa y no ve tus señales. No ve si es que eso te excita o no. Así se pierde el sentido del consentimiento porque solamente estás con tu mirada puesta en tu deseo, no en la relación de que el deseo es compartido”, aclaró.

La experta señaló que “el consentimiento aparece cuando yo tengo noción del otro, o sea, no puedo entender sobre consentimiento si no entiendo que el otro es otra persona aparte a mí y que si lo paso a llevar entonces estoy traspasando un límite”.

Respecto a cómo la pornografía afecta la percepción del consentimiento, Loreto Vargas, ginecóloga-obstetra y sexóloga, mencionó la importancia de indicarles a las y los jóvenes que consumen este tipo de contenido que “lo que ven ahí no es real. Es una película erótica, no es la realidad, sino que tiene un guión y está actuado”. 

Dismorfia corporal y distorsión del placer femenino

La falta de representación de diferentes cuerpos y la normalización de ciertos estándares de belleza hegemónicos e ilusorios, llevan a dañar la autoestima de jóvenes, puesto que las imágenes mostradas son rígidas. Es decir, se excluye la diversidad de cuerpos, orientaciones sexuales y dinámicas afectivas que existen en la vida real.

De esta manera se suele reducir a las mujeres solamente a objetos de deseo, afectando no solo el cómo se ven a sí mismas, sino también como su entorno las perciben, perpetuando dinámicas de poder desiguales y fomentando actitudes que no consideran sus deseos y necesidades.

Según la sexóloga Loreto Vargas, las mujeres que participan en el contenido pornográfico son “mujeres que van a un casting de vulva, por ende se ven vulvas calvas, blancas e indulgentes que no son las vulvas reales”. De esta manera, Vargas explica que desde la perspectiva de la conexión y la anatomía el porno es muy negativo.

Así es que surgen problemas relacionados a la autoestima y autoimagen, producto de escenarios que se consideran “perfectos”, cuando en realidad son ficticios. De esta forma nacen trastornos como la dismorfia corporal, en el que la persona afectada sufre de una distorsión de su apariencia física. Esto puede provocar un exceso de preocupación y ansiedad en el individuo que lo padece, llevando a afectar incluso su vida diaria.

La psicóloga experta en educación en derechos humanos y educación integral de la sexualidad, Fabiola Jadue, señaló que en términos psicológicos, la pornografía puede causar mucha ansiedad ya que puede causar comparativas tanto en los tiempos de duración del encuentro sexual, como también la visión de las vulvas. Jadue explica que en este tipo de contenidos se muestran usualmente vulvas que parecen de niñas, al no tener vellos púbicos, y en su mayoría blancas, primando el patriarcado también en la pornografía.

Una de las cirugías que han ido en aumento en mujeres, sobre todo jóvenes, es la labioplastia o reducción de labios menores. De hecho, según una encuesta de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética (ISAPS), en los últimos tres años (2021-2024), “hubo  un aumento del 33% en las cirugías de labioplastia (cirugía que reduce el tamaño de los labios vaginales)  a nivel mundial, un procedimiento también conocido como ninfoplastia”.

Además, el estudio Labia Diversity, publicado por Women’s Health Victoria, incluyó datos de una encuesta entre 1.030 mujeres y personas con labios vaginales de entre 18 y 50 años y señaló que “la pornografía y las redes sociales han impulsado el aumento de personas que se someten o consideran una cirugía en los labios vaginales, con imágenes y videos que distorsionan las percepciones sobre cómo deberían verse los genitales femeninos”.

En este sentido, la experta en sexualidad, María Paz Salinas, hizo un mea culpa sobre ciertos médicos que “se dedican a la parte estética y a mí me hace mucho ruido respecto al tema de la plasticidad de ninfa o las labioplastias que se ofrecen. Uno hace mucha educación respecto a la variedad de vulvas y a los procedimientos estéticos, pero es súper importante hacerlo desde un lugar sano, que tiene que ver con reparar la autoimagen, y no desde un profesional inescrupuloso que busca solamente ganancia económica. Es una línea súper delgada”.

Entre los riesgos de someterse a este tipo de procedimientos, una labioplastia, en ocasiones puede provocar sangrado, infección, cicatrización de los tejidos y disminución de la sensibilidad genital. Al igual que riesgo de formación de coágulos en las venas o reacciones alérgicas a la anestesia.

Desde la mirada de la socióloga Claudia Neira, la pornografia usa el cuerpo de las mujeres desde una perspectiva estética, teniendo esta una influencia en cómo la sociedad se vincula y relaciona con estos patrones estéticos. Además, menciona que “han cambiado algunos patrones estéticos, pero no la exigencia de las mujeres por responder a un sistema con determinados cuerpos”.

El cómo se ve afectada la visión corporal de las cuerpas, también el placer, sobre todo el femenino, es gravemente distorsionado. En la pornografía se suele representar una imagen errónea del placer que tienen las personas con vulva. Así, se centra las relaciones sexuales en el placer de los hombres heterosexuales y cisgénero, y se omiten las verdaderas necesidades y deseos de mujeres y disidencias.

Neira recalca que “el patriarcado, como su nombre lo indica, está sostenido por hombres, y tiene que ver con el ocultamiento del pene. Se ha tejido toda una leyenda en torno a lo poderoso de eso, porque a diferencia de las mujeres, el pene está en lo oculto. En la manera en que esto se vaya desmitificando y la sociedad sea menos falocéntrica, es decir, que el pene deje de ser el protagonista de la relación sexual y se abra a otras formas de sexualidad, además de la heteronormada, y se vean otros tipos de erotismo alejados del falo”.

La Educación Sexual Integral como herramienta efectiva

La Educación Sexual Integral (ESI) sienta las bases de manera efectiva y eficaz para que los niños, niñas y jóvenes puedan desarrollarse de manera sana, no sólo en términos de sexualidad, sino que en sus relaciones, consentimiento, salud sexual y reproductiva, entre muchos otros.

Así, pese a la creencia de que la ESI únicamente abarca la dimensión física, esta no solo se centra en ella, sino que también en las emociones, bienestar psicológico y vínculos con otras personas. De esta manera, la UNESCO reitera lo  positiva que es en la autoaceptación y autoestima, en la forma de gestionar y reconocer las emociones; en favorecer las relaciones afectivas saludables, fomentar la empatía y respeto hacia otras y otros, entregar herramientas en la resolución de conflictos y en una comunicación asertiva, que ayuda con el manejo de presión social y beneficia la construcción de límites.

La jefa del área de educación de la Asociación Chilena de Protección a la Familia (APROFA), Pamela Jaime, manifestó la relevancia de la Educación Sexual Integral. “Es clave para poder enseñar sobre el consentimiento y comprender, por ejemplo, que no es un tema que está únicamente vinculado a la juventud”.

“En Chile la ESI está centrada en lo biológico y no es integral. Entonces empezamos a hablar de estos temas tarde, no lo hacemos desde los primeros años de vida. La Educación Sexual Integral podría estar relacionada también con todas las formas de interactuar que tenemos y con quienes nos relacionamos”, mencionó.

Asimismo, la especialista señaló que “el consentimiento debiese ser un componente básico de las propuestas educativas en sexualidad, entendiendo que no solamente forman parte de una asignatura en específico. El consentimiento es un aprendizaje que debiese estar anclado a todos los aspectos de nuestra vida y ahí nuevamente aparece el mundo adulto como las primeras personas que debemos practicar ese consentimiento. Somos las personas educadoras, estamos con una responsabilidad de formar a la niñez”. 

Claudia Neira comenta que “no hablar de sexualidad es lo que la deja en un plano de la oscuridad y que permite que sea un tema buscado por niños y niñas o personas que no tienen acceso a la información. Cuando un tema se torna enigmático o prohibido exacerba el morbo y la necesidad de conocer esa de ese tipo de conductas. Además, una sexualidad responsable, informada y consciente tiene que abordar también el tema de la pornografía”. 

“Entonces, si un joven se ha alimentado de pornografía, lo más probable es que sus primeras relaciones también intenten replicar ese modelo. Y la ESI, al derribar muchos mitos y aproximar a los jóvenes con información, podría disminuir un poco la necesidad de morbo que satisface la pornografía”, añadió la integrante de la Coordinadora 19 de Diciembre.

La uróloga, María Paz Salinas, reveló la culpabilidad de espacios conservadores que niegan la realidad que demuestra que niños y niñas tienen una primera búsqueda o contacto con la sexualidad desde pequeños mediante la pornografía. “En sectores más conservadores o desde padres conservadores, más allá de la parte política, hay una sensación negacionista de no entender el uso de la ESI”, explicó.

“La Educación Sexual Integral previene el abuso sexual, entonces en la medida que parta desde la edad temprana y, como madres y padres tengamos responsabilidad [limitar el] de acceso a los dispositivos electrónicos y no negar estas realidades que suceden. Lo primero es asumir como sociedad la realidad, que la pornografía es de libre acceso y está fuera de control, por eso son temas que tenemos que saber abordar con nuestros hijos de forma oportuna y no tener una posición negacionista al respecto”, concluyó Salinas.

La experta en sexualidad, Loreto Vargas, enfatizó que “los adolescentes buscan información sobre sexualidad porque no se les habla de estos temas en casa” ya que si esto se abordara abiertamente sería una situación muy diferente. Vargas aclara que esto se debe a que muchos padres tampoco recibieron educación sexual, lo que dificulta su capacidad para enseñar a sus hijos.

En base a esto se puede decir que existe una barrera entre madres, padres, hijos e hijas para hablar libremente de temas en torno a la sexualidad. De hecho, estadísticas de un estudio realizado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en países de América Latina señalan que la familia no es el primer espacio seguro al que recurren niñas y niños para educarse sexualmente. Según el Instituto Nacional de la Juventud de Chile, el 83% de las y los jóvenes buscan información en redes sociales, y solo el 35.6% recurre a su familia.

La psicóloga educativa y activista en derechos sexuales y reproductivos, Fabiola Jadue, destaca la importancia de un enfoque colaborativo en la Educación Sexual Integral. “La educación sexual debe favorecer el trabajo en equipo”, afirma, señalando que es crucial orientar a madres y padres sobre este tema.

Otro punto importante que aborda la experta Fabiola Jadue es que “aunque se afirme que no hay educación sexual en Chile, en realidad sí existe, y lamentablemente es la pornografia”. Cuando se les pregunta a los padres donde aprendierom sobre sexualidad la mayoría de ellos, de entre 41 y 50 años, reconoce que el silencio y la pornografía fueron sus principios, afirmó. 

En este sentido, según un sondeo del Ministerio de la Mujer y Equidad de Género sobre Derechos Sexuales y Reproductivos realizado por Corporación Humanas entre octubre y noviembre de 2022, respecto a sus percepciones, un 71,9% de las personas encuestadas asegura que el consentimiento es fundamental en las relaciones sexuales.

Sobre educación sexual, la mayoría desaprueba la formación que recibió en su colegio, ya que un 55,8% declara que la educación recibida fue muy mala, un 23,4% la calificó como mala y un 9,7% jamás recibió. Y mayoritariamente también (94,1%) están a favor  de una ley que garantice Educación Sexual Integral para todos los niveles de educación.